18 / Enero / 2016

¿Cómo la tecnología contribuye para evitar el hacinamiento en los hospitales públicos?

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Imagine en los tiempos actuales cuando las soluciones como el Expediente Clínico Electrónico del Paciente (PEP), que unifica las informaciones clínicas y asistenciales de todas las atenciones de los pacientes de una red municipal o estadual, todavía existen lugares que tienen todo el sistema asistencial basado en una dinámica que funciona básicamente con papel, teléfono y fax. Puede parecer algo del pasado, pero todavía existe. En la esfera de atención a la salud pública, por increíble que parezca, la inversión todavía es escasa.

Debido a la capacidad reducida en todos los niveles del sistema de prestación de servicio, resultante de las crecientes presiones por gestión financiera más controlada y por eficiencia, los hospitales enfrentan una reducción de la flexibilidad y de la habilidad de acomodar las variaciones de demanda que ocurren en las salas de emergencia.

Además, factores como costos institucionales crecientes resultantes de remuneraciones de los médicos (así como la falta de especialistas en ciertas áreas), avance tecnológico y farmacéutico, asociados a un reembolso menor por parte de las aseguradoras y también de las entidades estaduales y federales, también influencian en el hacinamiento hospitalario.

La eficiencia exigida de los hospitales hace que la operación suceda próximo a su capacidad máxima de atención, lo que provoca una carencia de recursos, incluso personal y equipamiento, en la sala de emergencia. Lo que antes eran incidentes aislados, por ejemplo, asociados a la temporada de gripa, se volvieron en una experiencia cotidiana.

Para garantizar la eficiencia en la gestión y en la atención a la población, es necesario conocer la demanda generada para entonces asignar la solicitud en menor tiempo posible. Para ello, la tecnología es la principal alineada. El primer paso es migrar de la atención basada en fax y papel para un sistema computadorizado, que permita realizar la gestión de uso de camas, contemplando incluso emergencias. Lo ideal es un sistema capaz de regular las ofertas de servicio en tiempo real, gestionar hospitalizaciones, agendamiento de consultas y exámenes especializados y controlar la producción de ambulatoria, hospitalaria y de los flujos asistenciales.

Con herramientas enfocadas en la gestión de la oferta de servicios, administración de programas y unidades de salud, el acompañamiento de la situación e histórico de salud de los ciudadanos y, sobre todo, control efectivo de la aplicación de los recursos públicos, se podrá no solamente asignar el paciente en el menor tiempo posible, pero también evitar el hacinamiento en los hospitales.